Manifiesto

Soy una persona con una diversidad funcional visual, ¿en serio? ¿que soy qué? Da igual como lo llamen, al fin y al cavo quieren decir lo mismo… no veo un burro a cuatro pasos, no tiene ciencia alguna, ¿Pero a que queda bien?Vale, ahora me pongo seria; hay muchos tipos de discapacidades, pero yo solo puedo hablar de la visual, de la que a mí me atañe y la que más me toca de cerca; mentiría si dijera que nunca he soñado con ver, creo que todos o casi todos (nunca me ha gustado generalizar) lo hemos soñado, ¿Y cómo se llama ese sueño? Reflejo vidente. 

Empezaré por dar una descripción sobre qué es un reflejo vidente. ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo habría hecho tal cosa si viera? Ese es nuestro reflejo vidente, la otra imagen de nosotros que es capaz de percibir el mundo exterior con los cinco sentidos.

Voy a hablar desde mi experiencia personal, pues no conozco otra. Yo nunca me había planteado si este alter ego me seguía a todo lugar donde yo iba, pero de pronto me hablaron de él y no pude evitar planteármelo, efectivamente sí que había soñado con ver, pero por mi curiosidad de insaciable lectora, quienes más echaban de menos a mi yo vidente eran mis profesores, cosa de la que yo no me di cuenta hasta este año.

Desde hace tiempo me ha estado carcomiendo el pensamiento de que yo debería querer ver y quiero ver, pero, al mismo tiempo, si tuviera que elegir ahora, no sé qué haría porque temo ver, cambiaría mi vida. Y estaba triste porque pensaba: No quiero ver entonces; nada tiene sentido. ¿Por qué no quiero? ¿y si quiero y temo hacerlo? Ahora lo entiendo. Todos quieren que vea porque saben lo que es ver, yo no lo sé y por eso me cuesta tanto asimilar que tengo un deseo ardiente por poder percibir con la vista el mundo que me rodea. No sé cómo, pero lo vi claro. No sé lo que es, normal que me asuste; es mi reflejo vidente, es lo que debo sentir pero no siento del todo. Tiene sentido por qué no lo hago.

Si fuera al revés, si todos fuésemos ciegos y algunos vieran, ¿no querrían casi ser ciegos? Pero por otro lado, les gustaría su diferencia porque nada han conocido y, o bien han aprendido a convivir con ella o bien le ven cosas hasta positivas. Todo es cruel, tan cruel, tanto hasta llegar al punto de que yo me pregunto si quiero o no ver. Es decir. Es demasiado. Aunque desde mi punto de vista sería más fácil, y creo que es más fácil que una persona que tiene un resto visual completo llegue a saber o a poder saber lo que es el no ver, pero en cambio es mucho más difícil, incluso si me gustara utilizar la palabra, podría ser imposible que una persona sin un resto visual pueda llegar a imaginarse que es eso a lo que llaman ver. Es decir, es más sencillo pasar del caso A al caso B que del caso B al caso A.

¿Pero queremos ver realmente? ¿Merece la pena ver como los demás? Vale, no ver tiene sus pros y sus contras, ver o no ver puede llegar incluso a cambiar tu personalidad al vislumbrar el mundo desde otro punto de vista totalmente contrario. Una persona que tenga un mínimo resto puede llegar a apreciar las pequeñas cosas del mundo que le rodea aunque no las vea con la nitidez necesaria, porque va a aprovechar al máximo esa capacidad que a muchos otros les falta para ver más allá, para encontrar las cosas hermosas en los remotos rincones de este nuestro mundo. 

Como una vez dijera W. B. Jaits, he deseado como cualquier artista crear un pequeño mundo con las cosas hermosas, agradables y significativas de este mundo malogrado y torpe; con esta cita, el autor se refería a la escritura, a atrapar en una página lo que para él es lo más hermoso del mundo, estoy segura de que su percepción de lo hermoso es contraria a mi percepción de lo hermoso, él lo ve de manera objetiva, yo subjetiva, todo son puntos de vista, matices y contrastes. Es importante que diga que adoro leer, me gusta tanto poder imaginar el mundo que el autor ha creado a mi manera, verlo con mi percepción de la realidad y suponer cómo se lo imaginaba él o ella… 

Pero la vista no es lo importante, ni el oído, la capacidad de hablar, de caminar… no, lo importante es vivir la vida tal y como nos ha tocado vivirla; el otro día, hablando con una de mis amigas sobre los dellabus, le expuse mi teoría, teoría que ella compartía: esos lapsus que todos tenemos en algún momento de nuestras vidas, son pequeños recuerdos, ¿Y cómo tenemos estos recuerdos? Fácil, antes de nacer vemos toda nuestra vida como si fuera una película a cámara rápida, vemos lo que vamos a vivir y nosotros decidimos si queremos nacer o no, por lo que si estamos aquí, con nuestras discapacidades, es porque lo hemos querido. 

Así que no hay que olvidar lo importante, porque eso es lo único a lo que aferrarse cuando se siente, así de repente, que la tierra se mueve, se abre, se expande, se renueva, cambia, vuela, vive, toma el total control. Cuando ya nada es lo mismo, cuando se cierran los ojos, se suspira, tratando de hacerse invisible, de convertirse en una miniatura en el libro de la vida que se escribe con rojo sangre, con amarillo ilusión, con negro temor, con azul del cielo, con el brillo del sol como única sinfonía para alegrarte, para recordarte que la vida es lo que de verdad importa, vivirla con entusiasmo, con ilusiones encontradas, contemplándonos con fascinación y atención, viviendo simplemente con intensidad, carpe diem, disfrutando… vivir por vivir, pues es un regalo, un auténtico regalo, cada experiencia que llueve del cielo, cada experiencia a la que le ves el lado bueno, y todas en conjunto… ¡un mosaico perpetuamente perfecto!

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