Fin de etapa 

Se cierra un capítulo de mi historia, un capítulo muy importante. Mi primer año de carrera termina, dejo atrás de momento una ciudad que para mí era nueva, me llevo conmigo mil recuerdos, emociones y sensaciones.  Este año han cambiado muchas cosas en mi vida, he conocido a mucha gente nueva, agradable y alguna mano amiga entre ellos; ahora pienso, ¡Cuánto ha cambiado mi vida! 

 He pasado de ser una bachiller a ser una universitaria, he pasado de estar sola a estar totalmente acompañada. 
 Al terminar el curso recuerdo el primer día, aquel 21 de septiembre, esa tarde llena de lágrimas. Recuerdo al día siguiente haber hablado con uno de mis compañeros de clase y pensar, ¡Bien, parece simpático! Y a los dos días le cambiaron de clase y nunca más lo volví a ver. 

 Recuerdo a los profesores del primer cuatrimestre, solo dos de ellos, las profesoras de inglés y psicología, se tomaron la confianza de llamarme Jacquie, y aún lo siguen haciendo cuando me ven por la facultad recuerdo al profesor de valores y la frase que le marcó para todo el curso: 

“Mi discurso inicial constará de tres partes. La primera: ¿¿Buen hombre, de qué va su asignatura? Segunda parte, ¿Buen hombre, qué vamos a hacer en su asignatura? Y tercera parte y más importante. Buen hombre, ¿Nos va a decir de una puta vez qué vamos a hacer para aprobar su asignatura?”

 Para un puñado de jóvenes nerviosos ante un anciano profesor que imponía en su justa medida, aquella fue la llave que nos hizo relajarnos a todos, que nos hizo sonreír y soltar alguna risita nerviosa. Aquel era un profesor extraño, el más anciano de la facultad, pero el mejor a la hora de hacer que una clase de dos horas intensivas nos pasara como una clase de media hora. El cómico, lo llamaban al principio, o el nieto de Carl Marcs, todo dependía de a quien le preguntaras. 

 El profesor de TIC, profe de universidad y orientador en un instituto. Tuve con él una conversación muy productiva sobre lo poco que le había gustado Memorias De Idhún, único libro que había leído de Laura Gallego García, autora a la que defendí a sangre y fuego en esa hora. 

 Recuerdo que también me acusó de incitar al delito, ya que le pido a mi hermano mayor que me descargue las películas que yo no encuentro. Cada vez que hablaba de descargar películas o libros de forma ilegal nos decía con tono de padre preocupado: “Por favor, no os marquéis un Jacqueline y delinquir vosotros solos”. Que hombre más simpático. 

 También recuerdo a la profesora de didáctica, quien se dejó la piel para que yo pudiera seguir la case de forma igual a la de mis compañeros, gran mujer ella, al contrario que la mujer que impartía la clase de teorías e instituciones contemporáneas de educación, quien se dejaba la piel para que yo no pudiera seguir la clase, o esa era la sensación que me daba. Aunque sin duda lo que mejor recuerdo y con más cariño es la residencia, a mi compañera, NH2, mi vecina la merodeadora… creo que a ellas las echaré de menos más que a cualquier persona. NH2 me acompañó en febrero, cuando ambas luchábamos por aprobar en la segunda convocatoria, cuando cortamos el contacto con la otra chica que comparte piso con nosotras… ella siempre está ahí. 

 La Merodeadora sacó a la luz este lado mío más friki, ella, fan al cien por cien de Harry Potter, fan sin límites de Juego De Tronos. Ella, la que me habló de grandes series que yo desconocía y quien hace muy poco me regaló las ocho películas de HP y las cinco primeras de XMen. 
 El segundo cuatrimestre fue más complicado, o eso me pareció a mí, de pronto me vi más sola en clase que en el anterior, solo me hablaban lo justo, no eché en falta las conversaciones, no las necesitaba, pero si me sentí excluida, al fin y al cavo que todo el mundo te ignore pasa factura, quieras o no quieras. 

 De este segundo cuatri, quiero destacar a la profesora de castellano, una mujer pequeñita, morena y enérgica que me ayudó todo lo que pudo y más, no solo con su asignatura, me preguntaba si estaba bien, si necesitaba alguna cosa, me ofreció su ayuda sin más. 

 A las puertas del verano y sabiendo que seré libre de momento, solo pienso que quisiera volver a esos buenos momentos, a las noches viendo una película, al momento en el que conocimos a los aeros que vivían frente a nosotras. 

 Voy a donde voy aquí escucho voces amigas. El restaurante al que a veces bajo… la voz entusiasta del chico majo que está tras la barra con su: ¡Hola Jacquie! El jefe del establecimiento y su hijita de ocho años, su mujer de larga coleta dorada… Los conserjes de la Urtado… 

 Y ahora, a punto de volver a casa, vuelve a cambiar mi vida, dejaré atrás la residencia y me iré de aquí, volveré a estar en mi hogar, con mi madre, mi hermano y mi padre; y una vez vuelva de nuevo, un piso nuevo, compañeros nuevos… 

 En agosto de nuevo a ver a mi querida TR, a quien adoro, volveré a caminar con ella por las calles de la ciudad, descubriendo nuevos lugares, segura sabiendo que ella avanza dos metros por detrás de mí; en las paradas hablar juntas de cualquier cosa. 

 Resumiendo, he pasado por mucho este año, no es la primera vez que estudio fuera de casa, ya he estado en Madrid, pero esto lo vi diferente aquella tarde en la que dejé que mi frustración saliera de mí en forma de lágrimas, esa vez vi que no podía, estar en la universidad era demasiado, no lo iba a sacar, no iba a ser capaz. Y ahora, comenzando julio, terminando junio, pienso: no ha sido tan difícil.

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