Palabras invisibles 

¿Alguna vez has pintado tu habitación? Ves esa paleta de colores, ¿Alguna vez pensaste que hubiera tantos tonos de azul? Ves el añil, el celeste, el turquesa, agua marina, azul oscuro, azul marino, y otros de los que ni si quiera sabes el nombre; no ves diferencia entre esos colores, ¿en qué se diferencia el rosa anaranjado del naranja salmón? ¿Y el verde vivo y el pistacho? Menudo dilema, ¿Verdad?

 Pues a la hora de buscar palabras es lo mismo, palabras, colores, paleta de colores, sinónimos sin fin. De ayuda existen muchos sinónimos, socorro, auxilio, apoyo… e incluso te encuentras con metáforas, tender la mano, por ejemplo. 

 Mi mente en ocasiones desborda de ideas, todas llenas de emoción, de sentimientos, imágenes, luz y color, pero cuando me encuentro ante mi teclado pienso: ¿qué digo? Y entro en una espiral en la que trato de cazar palabras, como si fuera montada en una saeta de fuego e intentara capturar una escurridiza y dorada snich. 

 Daros cuenta, los colores, aunque para mí sean más complicados, son mucho más sencillos que las palabras. Colores básicos solo hay tres, rojo, azul y amarillo, partiendo de esos tres colores, con una gotita de otro, creas todos los matices del arco-iris, pero las palabras, aih, las palabras; cada campo semántico es un mundo que aún es desconocido y en el cual puedes perderte. 

 Veintisiete letras crean toda una gama de verbos, nombres, sustantivos y adjetivos; también adverbios e interjecciones, un amplio abanico de posibilidades, crear una novela de ochocientas páginas solo con estos signos que surgieron hace tantos siglos que apenas pensamos en ello. 

 Para una persona frustrantemente tímida como lo soy yo, la escritura es muy importante, es mi voz, mi pensamiento y mi mejor forma de comunicación; me siento cómoda ante mi teclado, mucho más que hablando voz a voz o cara a cara. La melodía musical del repiqueteo de las teclas de mi portátil, es para mí la canción más relajante del mundo; dejar que mis dedos vuelen durante horas sobre el teclado permitiendo que los segundos se deslicen en el reloj de arena del tiempo casi sin darme cuenta de que éste está pasando. 
 Cuando estoy inspirada, mi snich ,metáfora para definir las palabras está al alcance de mi mano, pero cuando siento que me atasco, que las palabras no salen de mi interior, esa doradita pelota alada escapa de mí dejándose ver de vez en cuando haciendo que mi frustración crezca. Y de pronto me veo volando sola en medio de una tormenta persiguiendo a esa escurridiza pelotita.

 Quiero hablar sobre un mundo, sobre mi mundo ideal, veo los árboles, las plantas, el sol y la luna; los hombres, las mujeres, los niños y niñas. Pero… ¿Cómo expreso lo que quiero y busco? ¿Cómo hago que cobren vida en el documento de Word que tengo abierto?

 Esa hoja en blanco parece reírse de mí: “Mira, no puedes escribir, ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cerrarme de nuevo como haces siempre?” 

 Y seguramente es lo que haga, cerrar ese documento de Word que se ríe de mi con su inmaculada superficie, frustrada por no oír la melodía de mi teclado llenar el ambiente. ¿Qué hago? Se repite una y otra vez en mi cabeza y llego a la misma conclusión a la que llega un pintor cuando se encuentra con la brocha en la mano y la gama de colores en la otra, un dilema que nunca termina. 

 ¿cómo puedo comenzar? ¿Qué palabras son las adecuadas?

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¿Qué significan los colores?

Los colores, esa gama tan amplia y preciosa que tan solo con el azul, el amarillo y el magenta complementándose crean toda variedad de tonos. Las creencias asignan a cada color una virtud que puede ser positiva o negativa. No tengo una creencia fija, pues soy agnóstica,, para mí los colores y esas virtudes significan mucho .

Cada color transmite algo diferente, ¿Queréis saber qué? Sirviéndome de la carta de colores de las auras lo intentaré explicar. Comenzaré diciendo qué son las auras. El aura de una persona es esa fuerza o energía que no cabe dentro de su cuerpo, para aquellos que son capaces de ver más allá, de esquivar las fronteras del mundo físico y cruzar al mundo espiritual, el aura de las personas se representa como un humo etéreo de un color en concreto dependiendo de su  pensamientos o de su estado de ánimo.

Comencemos en orden, poco a poco, guiándonos por el arcoiris.

El color rojo, siempre llamado el color de la pasión, indica energía, ira, sexualidad peligro y también la arrogancia.

El siguiente color en el espectro es el naranja, mezcla de los colores básicos rojo y amarillo: este color representa la apatía, la falta de voluntad, pero también el autocontrol, coraje  y la ambición. ¿¿Un poco contradictorio verdad? Siempre depende de la persona y de sus pensamientos e intenciones.

Tras el naranja nos encontramos con el amarillo, color primario que representa el optimismo, la felicidad, la amistad e intelectualidad; pero también hace referencia a la indecisión y a la fácil manipulación.

El verde, color creado por el amarillo y el azul, siempre se ha visto relacionado con la esperanza, pero representa sobre todo la paz, la sanación, la compasión, la falta de honestidad y también los celos.

El tercero de los colores básicos, el azul, hace referencia a la espiritualidad, cosa que yo llamo calma, la sensibilidad y también apatía; a la lealtad, la creatividad y comprensión.

El violeta, fusión de rojo y azul, hace referencia a la intuición y a la sabiduría.

Rosa, un tono hermoso, representa el amor, la amistad y la sinceridad.

El índigo, una tonalidad de azul, representa la benevolencia de corazón.

El triste gris habla de  depresión, tristeza, agotamiento, baja energía, escepticismo.

El negro siempre ha sido un color relacionado con el mal, aquí habla de falta de energía, enfermedad, muerte inminente.

El color más puro de todos, el blanco, hace referencia al equilibrio perfecto, cuando todo es neutro, ni bueno ni malo. In medio stat virtus, quando strema sunt vitiosa.

 

¿Qué pensáis, cual es vuestro color?

Ratas Demuestran Empatía

Encontré en la sección de Interacción Social del campus virtual este artículo y me llamó la atención; trata sobre un experimento realizado con ratas.

 Aquí hago un resumen del experimento de la neurobióloga Peggy Mason y bajo el mismo un mis impresiones basadas en lo que he aprendido en tel ámbito de los comportamientos Pro-sociales

 

 

 

Hay que comenzar sabiendo que la conducta pro-social es toda aquella acción que se lleva a cavo en beneficio de segundas personas.

En este experimento se juega principalmente con la empatía, gran ejemplo de conducta pro-social. La empatía se da cuando sentimos el sufrimiento o la preocupación de otra persona y la ayudamos con el fin de aliviar su pena. No obstante, para que este proceso se lleve a cabo, debemos tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro, algo que requiere de un sistema cognitivo relativamente avanzado.

 

Muchos científicos han investigado la posibilidad de que no solo los seres humanos sintamos empatía hacia nuestros semejantes, sino también otros seres vivos. Se han realizado numerosos estudios en otros mamíferos, y aunque se pensaba que la empatía solo podía ser compatible con los seres humanos, se vio que esta capacidad también está patente en los chimpancés, por lo que se pensó que la empatía es una cualidad principalmente de los primates. Pero se ha descubierto que las ratas también presentan un comportamiento solidario en respuesta a la angustia de un compañero, proporcionando evidencias sobre el origen ancestral de la empatía en mamíferos.

 

“Hemos evaluado si la presencia de un compañero de jaula atrapado induce un estado de motivación pro-social en las ratas, llevándolas a abrir la puerta de inmovilización para liberarlos”, dijo la neurobióloga Peggy Mason, autora principal de la investigación.

 

Los investigadores colocaron a dos ratas juntas en una misma jaula durante quince días, así fomentaban la familiaridad entre ellas, que se reconocieran entre sí. Tras este primer periodo, se llevó a cavo el experimento, dividido en partes.

 

En primer lugar se confinó a una de las ratas dentro de un contenedor de forma que ésta por si sola no pudiera salir del mismo, que solo fuera capaz de salir gracias a su compañera cuando ejerciera la presión necesaria para abrir la puerta.

Los investigadores, empleando un detector de murciélagos, captaron unos chillidos provenientes de la rata atrapada mostrando un grado de angustia en ella. Por su parte, la rata libre pasaba más tiempo junto al contenedor cuando su compañera se encontraba en su interior y también se dieron cuenta de que mostraba un incremento en su actividad física cada vez que lograba liberarlo, lo que se resume en una sensación de euforia por su parte.

Aunque los investigadores no estaban seguros de por qué esa sensación; dudaban si era por interactuar libremente con la otra rata, o por el contrario simplemente por liberarla. Se modificó el experimento original. Esta vez, el animal del contenedor sólo podía ser liberado a un ambiente separado al de su compañero para así evitar el contacto físico entre ellos. Los resultados fueron similares al experimento original, las ratas abrían la puerta del contenedor sólo cuando su compañero estaba dentro. Esto demostraba que la interacción social no era la motivación principal para el comportamiento pro-social.

El experimento original volvió a modificarse, pues los investigadores querían asegurar el valor de liberar a su compañero y colocaron en la jaula dos contenedores, uno en el que se encerró nuevamente a una rata y otro en el que colocaron dulces.

En este último experimento, los científicos observaron que las ratas abrían los dos contenedores casi al mismo tiempo cuando su compañero estaba atrapado en uno de ellos a pesar que al hacerlo debían compartir los dulces.

 

 

En este experimento se ve que las ratas muestran entre sí un comportamiento pro-social basándose en las tres teorías de por qué ayudamos.

La primera teoría, el intercambio social, defiende que las interacciones humanas son transacciones que están dirigidas a maximizar las recompensas y reducir los costes. Esto también pasa con las ratas, como se ha visto en el experimento.

Según esta teoría, ayudamos en busca de un beneficio, o bien la devolución de la ayuda, aprobación por quienes nos rodean o sentirnos bien con nosotros mismos.

En el experimento se ha hablado de que la rata libre, al ayudar a su compañero a salir del contenedor en el que se encontraba, sentía una sensación gratificante, por lo que se deduce que se sintió bien consigo mismo. Encontró la recompensa que quería.

Aunque también hay que tener en cuenta el mismo título del artículo, “Ratas Demuestran Empatía”. La empatía nos lleva a evitar el dolor ajeno para evitar también el que nos produce ver ese sufrimiento; sentir empatía por alguien que sufre nos hace sufrir, por lo que queremos evitar el sufrimiento ajeno para acabar con el nuestro propio.

 

La segunda teoría, la teoría de las normas sociales, defiende que a veces ayudamos a los demás porque algo nos dice que debemos hacerlo, es decir, es un comportamiento aprendido socialmente.

En este caso se aplica la norma de responsabilidad social: debemos ayudar a quien lo necesita aunque éste no pueda corresponder, pero siempre y cuando esas personas lo merezcan realmente.

La rata atrapada precisa ayuda de su compañero que está libre, y éste ofrece su ayuda aunque no se sabe si se plantea si la atrapada puede devolver esta ayuda tarde o temprano.

La rata libre sabe que su compañero necesita ayuda, porque como se explicó en el experimento, los investigadores, empleando un detector de murciélagos, captaron los chillidos angustiados del animal atrapado.

 

La tercera teoría o psicología evolucionista, defiende que estamos genéticamente programados para ayudar, por ello da pie a dos tipos de altruismo específico.

En este caso se da el primer altruismo específico, estamos genéticamente programados para ayudar, ayudamos a quienes son más similares a nosotros. De ahí que las ratas se ayuden entre sí.

¿QUIÉN SOY?

Se supone que tengo que conocerme, ¿verdad?

Pues solo esta pregunta genera en mi mente un remolino de palabras e ideas. ¿Conozco realmente a Yaque? ¿Me conozco realmente?

Comenzaré por algo simple; mi nombre es Jacqueline, Yaque para quienes me conocen. Soy simplemente una chica que quiere expresar sus pensamientos e inquietudes y cuya mejor arma son las palabras.

Soy una chica con una diversidad funcional visual, lo que se resume en que veo menos que un topo con fotofobia; pero sé, que si me dieran la oportunidad de recuperar la vista, o de haber nacido sin este glaucoma congénito que me caracteriza, diría que no, que no quiero vivir sin ello. Gracias a ello, he conocido a grandes personas de las que a ratos hablaré por aquí, según me dé.

 

Para mucha gente puedo ser muy fría y mucho más borde, y la verdad lo admito, soy borde, sí, y sin problemas lo digo.

En cambio, para otras personas puedo ser un angelito llegado del mismo cielo, envuelta en un alo blanco de bondad y dulzura.  ¿Qué paradójico verdad?

 

Lo que si tengo claro es que soy una persona con una fiebre de insaciable lectora a quien los médicos solo recitan más y más libros, pero al mismo tiempo que mi lista de lecturas crece, lo hace mi hambre por los libros.

Sin duda lo que más me gusta hacer en el mundo es leer; amo a Harry Potter, es mi perdición. Soy una friki de la magia y lo místico. Pero no solo me gusta leer sobre magia, sino también escribir sobre ella, imaginar mis mundos y plasmarlos en una hoja en blanco.

Me apasiona la exploración de mundos nuevos ocultos entre páginas y palabras, poder dibujar con mis propios términos mundos diferentes, escuchar el repiqueteo de las teclas de mi ordenador mientras mis dedos vuelan sobre ellas pintando con letras nuevos colores y paisajes.

Me encanta correr, la sensación de velocidad, el viento sobre el rostro, probarme a mí misma, mejorar poco a poco mis marcas, sentir como mis problemas quedan atrás, aparcados en la línea de salida mientras yo vuelo por la pista bajo la luz del día.

Entre las cosas que más me gustan en el mundo, se encuentra el teatro, actuando puedo ser cualquier persona, la que quiera, solo me pongo una máscara hipotética y cambio de personalidad como si de una capa se tratara; me subo al escenario, miro al público y… ¡Dejo de ser yo misma!  Puedo ser una estrella del firmamento obsesionada con la puntualidad, una joven india con tres grandes amigas, una princesa llamada Vega… cualquier cosa que el guión me pida.